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EDUARDO SACHERI ESCRIBÍA CUENTOS DE FÚTBOL

Era arquero y ni soñó con ser un escritor para el Oscar

 

“El secreto de sus ojos” ganó el domingo pasado el premio de la Academia a mejor Película Extranjera. Está basada en la novela de Eduardo Sacheri, un fanático del fútbol
 
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Eduardo Sacheri, autor de la novela “La pregunta de sus ojos”,  en la que se basó la película de Campanella que ganó el Oscar, tiene la vieja costumbre del vicio periodístico imposible de disimular en combinación con el juego de las comparaciones que entran siempre a jugar su partido con la pelota bajo el brazo en todas las historias que el ha contado.

Eduardo Alfredo Sacheri tiene 39 años y apenas una década como escritor profesional. Sin abandonar su ocupación original, la de profesor de historia, Sacheri escribe cuentos de fútbol pero no se queda en el pique de la pelota.
 
Como tantos futbolistas frustrados, Sacheri encontró en las letras un modo de encauzar su pasión futbolera. “Empecé a escribir a los 25 años –asume- , cuando ciertas posibilidades ya estaban clausuradas. Como diría Dolina: ‘Si a esa edad no llegué a la Selección, ya no lo conseguiré, sobre todo si aún no debuté en Primera’. Me di cuenta de que mi profesión, la que yo hubiera elegido, ya me estaba vedada. Esperaba a mi primer hijo y me resultó muy movilizante. También sentía insatisfacción por no ver escritas ciertas historias que nadie las escribía. Me pareció que empezar a escribirlas era el camino”.

Estamos en el año 95 y al Sacheri que Passarella no miraba le costaba pegar un ojo. El arquero nacido y criado en Castelar aceptó el consejo de sus amigos. Sin programar ninguna cita se acercó a la radio y dejó un sobre oficio con una carta dirigida a Apo, quien pasaría a ser el Francis Cornejo de nuestro personaje, dándole cancha (micrófono) todos los fines de semana. Así fue durante tres años, en los que Sacheri y Apo ni siquiera tuvieron un mínimo contacto telefónico. Justo para esa época Alejandro Apo empezaba su programa de los sábados. Y algunos amigos que leyeron mis cuentos, ¡siempre son importantes los amigos!, ¡siempre!, me empezaron a hinchar: ‘Dale, boludo, llevale los cuentos a Alejo a ver si los lee, él siempre dice que hay poco material sobre fútbol’”.

¿Qué tiene el fútbol de atractivo para ser carne de escritor?
–El fútbol es un juego que en este país hemos jugado todos, entonces hay un montón de sobreentendidos que el lector argentino comparte con el escritor. Es tan amplio el fútbol, que incluye en su universo a mucha gente. No es exclusivo de pocos, está al alcance casi de cualquiera, por lo menos el fútbol donde mis cuentos se refugian. No es el fútbol de 150 cámaras sino el de 20 vagos que se juntan o el de hinchas de equipos ignotos que tienen todo para perder y nada para ganar. En ese sentido el fútbol te ofrece tantas oportunidades de derrota como la vida. Por eso la derrota, el riesgo y el juego son campos fértiles para la literatura. Y el fútbol tiene mucho de juego, de desafío y de derrota. Es más: la victoria es algo bastante incómodo y momentáneo. En realidad, como hincha tenés más derrotas que victorias en el fútbol. Y como jugador lo mismo: por cada una que te sale bien hay muchas que te salen mal. ¿Y si digo eso, estoy hablando de fútbol o de minas? ¿Y estoy hablando de minas o de laburo? ¿Y estoy hablando de laburo o de afectos familiares?

–El intelectual siempre despreció el fútbol.
–Ese prejuicio existe, pero ha cedido un poco. Creo que en el país falta narrativa que tenga que ver con la vida cotidiana de la gente, para ponerle algo bien amplio, ahí está el agujero. Y en ese agujero se incluye la literatura que se roza con el fútbol. A mí la literatura futbolera que me gusta es la que tiene vasos comunicantes con otras esferas de la vida cotidiana. Por eso me gusta Fontanarrosa. La pelota por sí misma habla sola, por suerte, por eso es tan bello el fútbol. Un relato descarnado que hable sólo de la pelota es pobre. Cuando empezó Víctor Hugo Morales en Argentina, ¿por qué era el boom? Porque te inventaba lo que decía el árbitro, lo que le contaba el jugador. Eso era lo novedoso, montarte a otra cosa que incluyera a la pelota como excusa, pero que fuera más allá. Me parece que con el cuento es lo mismo.

 
 

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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