Ante tanto problema, es por demás intolerable, perjudicial e increíble que algunas personas y empresarios estén disfrutando o llenándose los bolsillos con la necesidad de las personas que necesitan un servicio.
En la ciudad, los taxistas han hecho de las desgracias de las pistas una de sus mejores aliadas para cobrar tarifas que quieren y que la mayoría de personas deben pagar, por la necesidad de llegar sanos y salvos de la intemperie que no da treguas. Todos los días llueve.
Ellos, analizando fríamente lo que pasa, no tienen la culpa porque es lamentable que las calles hayan sido mal construidas y que sus unidades estén proclives a malograrse en cualquier lugar, por la cantidad de huecos y aniegos que han aparecido sobre esta.
Por otro lado, quienes quieren trasladarse a diversas provincias, sea por trabajo o por cualquier motivo, se están encontrando con tarifas tan difíciles de pagar que ya merece la atención de los organismos competentes para evitar, por ejemplo, estafas.
Se habla de que algunas unidades salen normalmente del Terminal Terrestre – sin dar previa información al usuario de los problemas en las carreteras - pero al llegar a cualquier punto neurálgico, hacen bajar a los pasajeros y los dejan allí para regresar a sus bases. ¿Así es ahora? ¿La cultura que nos mueve hoy en día es hacer lo que se nos dé la gana?
En estos dos últimos días no ha habido un pronunciamiento firme, de ninguna autoridad. Eso penosamente hace pensar a la población que está desamparada, tratando de resolver sus propios problemas.
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