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Las sex dolls llegan a Barcelona

Sexo

El prostíbulo del centro de Barcelona que ha empezado a ofrecer las llamadas sex dolls podrá imitar los juegos de la infancia: los usuarios se dedicarán a desvestirlas, quizás con frenesí, y no tendrán ganas de mecerlas sino de hacer con ellas una cosa muy diferente. Estas muñecas-prostitutas cuestan de alquiler 80 euros la hora, a pesar de que en las tiendas especializadas también se pueden comprar por el módico precio de 6000 euros, un poco más caro que el porno de rubias19. El invento viene de Japón, uno de los países más avanzados en cuanto a la industria del sexo.

No se trata de quitar y poner vestidos, ya traen incorporada la variedad: se puede escoger entre una caucásica, una africana, una asiática y una que finge ser un personaje de animación; un abanico que nos dice que de gustos, en cuestión de putas, hay de todos colores, como se puede advertir dando un paseo por la ciudad o viendo los x videos que inundan Internet. El prostíbulo en cuestión ha sido bautizado como Lumidoll, por lo de “lumis”.

El gran negocio del sexo

Si hay quien cree que unas muñecas pueden ser un negocio redondo de prostitución, ¿no nos están diciendo que nunca han pensado en las prostitutas como personas? Y ahora viene la pregunta del millón: si hay quién cree que un puñado de muñecas de metro setenta -puntualmente desinfectadas con jabones antibacterianos después de cada servicio- puede ser un negocio redondo en el campo de la prostitución, ¿no nos están diciendo con total claridad que nunca han pensado en las putas como personas y no las han tratado nunca como tales?

Los guardianes del patriarcado -los que permiten que la prostitución siga existiendo, y también los feminicidios, y la publicidad denigrante…- siempre han creído que las mujeres sirven para lo que sirven -incluida la reproducción- y punto. La alianza entre el patriarcado y el capitalismo sigue adelante, a pesar de que en cada crisis se replantea la relación entre los sexos y este sería un buen momento para dar un cambio de rumbo radical. Pero en la moderna ciudad de Barcelona un avispado abre un prostíbulo con muñecas de colores y no pasa nada, silencio administrativo.

Y, por favor, tampoco nos engañemos: el gran tema que divide los colectivos feministas no es la prostitución. Nadie puede creer que una feminista, por poco beligerante que sea, defienda la venta del cuerpo de las mujeres a peso, como si se tratara de un alimento en el supermercado. Pasa que las mujeres que defienden la prostitución -sean prostitutas o no- lo hacen desde el malentendido del mito de la libre elección. De las reacciones feministas hay que entender que el derecho de las mujeres a disfrutar libremente de sus cuerpos no tiene nada que ver con la prostitución, sino todo el contrario.

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